Delibes

12.03.2010

Better together | Prettyfreakjesper

Esta mañana puse la radio al despertar y lo primero que escuché es que Miguel Delibes había fallecido. Triste noticia por muchos motivos, siendo la menor de ellas que dentro de diez años casi nadie recordará que hubo una vez un escritor español llamado Miguel Delibes que escribió novelas, obras de teatro y ensayos magníficos.

La primera vez que leí un libro de Delibes yo iba al instituto y no me gustó. En aquella época yo sólo leía ciencia ficción, y era incapaz de reconocer que fuera de aquel género hubiera obras interesantes. Me pasó con otros autores, incluido Ernesto Sábato o Juan Rulfo, que después se convirtieron en dos de mis escritores favoritos, sobre todo el mexicano.

En el caso de Miguel Delibes, lo que me hizo volver a leerlo y en seguida a preciarlo  disfrutarlo no fue una novela, sino una obra de teatro, Cinco horas con Mario, que vi hace muuuuuucho tiempo aquí, en Sevilla.


Antes de empezar a escribir

22.02.2010

My Own Prison | Aimelle

El incesto, piedra angular de mi proyecto de novela en la medida de que tanto su protagonista como su antagonista serán, probablemente, pedófilos y, en un caso, incestuoso, no es algo de lo que haya que hablar, discutir o informar a la ligera.

Esta mañana he tenido noticia oyendo la radio de un caso en Sevilla donde varios padres intercambiaban a sus hijas para mantener con ellas relaciones sexuales. Estos son algunos enlaces a distintos medios que han tratado la noticia:

Un juez imputa a los padres de tres menores por intercambiárselas para abusar de ellas

Acusan a dos sevillanos de intercambiar a sus hijas de 6 y 7 años para violarlas

Un juez investiga un caso de abusos sexuales de dos padres a sus hijas

Acusados dos padres de intercambiar a sus hijas para abusar de ellas

El fiscal imputa agresión sexual continua a los padres que abusaron de sus hijas

Piden castigos duros para los padres que abusaron de sus hijas

Historias como estas, a primera vista increíbles y difíciles de creer, ocurren todos los días. El problema de fabular con ellas radica, principalmente, en encontrar el tono adecuado, y eso es algo que no he conseguido aún y en lo que en las distintas encarnaciones de mi proyecto de novela, que va por su tercera edición, siempre me ha hecho replanteármelo todo de nuevo desde casi cero.


Contra una teoría de mi novela

22.02.2010

This Novel | Dashka Vesnyshka

A medida que vaya avanzando en mi proyecto es posible que termine erigiendo algún tipo de teoría sobre qué es una novela. Eso sería muy propio de mí.

Una de las peores preguntas que puede hacerse un escritor aficionado es qué demonios es una novela. En serio, porque cuando piensas en ello un poco, y profundizas algo y no te conformas con aquello de una narración escrita de cierta extensión que se caracteriza por no sé cuántas cosas, en seguida ves que hay algo que no cuadra en todos los conocimientos empíricos que has ido acumulando durante tus años de lector. El empirismo está muy bien, desde luego, pero no sirve de mucho si sólo te quedas en acumular datos, o si los datos que utilizas para formarte tus opiniones son incompletos o sencillamente falsos.

La futura vigesimotercera edición del diccionario de la Real Academia, según puede consultarse en su página web, ofrece esta entrada en el término novela:

novela.

(Del it. novella, noticia, relato novelesco).

1. f. Obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres.

2. f. Hechos interesantes de la vida real que parecen ficción.

3. f. Ficción o mentira en cualquier materia.

4. f. Der. Cada una de las leyes nuevas o constituciones imperiales que dieron Teodosio II y sus inmediatos sucesores después de la publicación del Código teodosiano, Justiniano después de sus compilaciones legales, y los demás emperadores bizantinos posteriores al derecho justinianeo.

ORTOGR. Escr. con may. inicial.

~ bizantina.

1. f. Género novelesco, de aventuras, que se desarrolló en España principalmente en los siglos XVI y XVII, a imitación de autores helenísticos.

~ de caballerías.

1. f. libro de caballerías.

~ gótica.

1. f. Variedad de relato de misterio, fantasía y terror que aparece a finales del siglo XVIII.

~ histórica.

1. f. La que desarrolla su acción en épocas pasadas, con personajes reales o ficticios.

~ morisca.

1. f. Relato cultivado en la España del Siglo de Oro, que idealiza las relaciones entre moros y cristianos.

~ pastoril.

1. f. La que narraba, en el Siglo de Oro, las aventuras y desventuras amorosas de pastores idealizados.

~ picaresca.

1. f. La que, normalmente en primera persona, relataba las peripecias poco honorables de un pícaro. Se cultivó durante los siglos XVI y XVII.

~ por entregas.

1. f. novela de larga extensión que, en el siglo XIX y buena parte del XX, se distribuía en fascículos periódicos a los suscriptores. Desarrollaba, en general, peripecias melodramáticas de personajes contemporáneos, y frecuentemente carecía de calidad literaria.

~ rosa.

1. f. Variedad de relato novelesco, cultivado en época moderna, con personajes y ambientes muy convencionales, en el cual se narran las vicisitudes de dos enamorados, cuyo amor triunfa frente a la adversidad.

~ sentimental.

1. f. Tipo de novela cultivado en España durante los siglos XV y XVI. Narraba una historia amorosa, a veces con personajes y lugares simbólicos, y ofrecía un fino análisis de los sentimientos de los amantes, cuyo destino solía ser trágico.

La siempre sobrevalorada Wikipedia ofrece, en su versión española, algo bastante patético y triste que debería avergonzar a quienes escribieron la entrada, así que recomiendo la versión en inglés, más completa y esclarecedora y aún insuficiente para quien pretende escarbar un poco en teorías noveleras.

¿Estoy lo suficientemente interesado como para buscar ensayos específicos sobre el te-ma, con información hecha por especialistas para especialistas? No, claro que no.

Una novela es una narración más o menos larga, en ella se cuentan acontecimientos ficticios, y todo lo hacer mediante palabras escritas en alguna parte. No necesito saber más.


Dos clases de novela, una sola posibilidad

16.02.2010

El novelista que transforma la verdad constante, brutal y desagradable, para lograr una aventura excepcional y seductora, debe, sin preocuparse demasiado por la verosimilitud, manejar a su antojo los acontecimientos, prepararlos y arreglarlos para complacer al lector, emocionarlo o enternecerlo. El plan de su novela no es más que una serie de combinaciones ingeniosas que conducen con habilidad al desenlace. Los incidentes se disponen y dirigen hacia el punto culminante, y el resultado final, que es un acontecimiento capital y decisivo, debe satisfacer todas las curiosidades excitadas al principio, poniendo un límite al interés y acabando de una manera tan completa la historia relatada, que ya no se desee saber qué les ocurrirá en el futuro a los personajes más sobresalientes.

En cambio, el novelista que pretende darnos una imagen exacta de la vida debe evitar cuidadosamente cualquier encadenamiento de hechos que pudiera parecer excepcional. Su finalidad no estriba en contarnos una historia, divertirnos o entristecernos, sino forzarnos a pensar, a comprender el sentido profundo y oculto de los sucesos. A fuerza de observar y meditar, mira el universo, las cosas, los hechos y los hombres de cierto modo que le es peculiar y que se deriva del conjunto de sus observaciones meditadas. Ésta es la visión personal del mundo que intenta comunicarnos reproduciéndola en un libro. Para conmovernos, como le ha conmovido a él mismo el espectáculo de la vida, debe reproducirla ante nuestros ojos con escrupulosa semejanza. Por lo tanto, deberá componer su obra de una manera tan hábil, tan disimulada y en apariencia tan sencilla, que sea imposible adivinar e indicar el plan, descubrir sus intenciones.

En lugar de tramar una aventura y desarrollarla de modo que resulte interesante hasta el desenlace, tomará al personaje en determinado periodo de su existencia y lo conducirá, mediante transiciones naturales, hasta el siguiente período. Así dará a conocer cómo se modifican los caracteres bajo la influencia de las circunstancias inmediatas. Cómo se desarrollan los sentimientos y las pasiones, cómo se ama, cómo se odia, cómo se combate en todos los medios sociales, cómo luchan los intereses burgueses, los intereses de dinero, los intereses de familia y los intereses políticos.

Por lo tanto, la habilidad de su plan no consistirá en la emoción o el hechizo, en un comienzo atractivo o en una catástrofe emocionante, sino en la hábil agrupación de pequeños hechos constantes, de done se desprenderá el sentido definitivo de la obra. Si hace caber en trescientas páginas diez años de la vida para demostrarnos cuál ha sido, en medio de todos los seres que le han rodeado, su significación particular y muy característica. Deberá saber eliminar, entre los innumerables y menudos hechos cotidianos, todos los que resulten inútiles, y destacar de una manera especial todos aquellos que pasarían inadvertidos para observadores poco perspicaces y que proporcionan al libro su interés y su valor de conjunto.

Guy de Maupassant


Antes de empezar a escribirel

10.02.2010
La primera vez que imaginé el comienzo de la novela que quería escribir imaginé que un detective privado viajaba trescientos kilómetros en tren para encontrarse con una mujer a la que no conocía en una clínica privada especializada en adicciones y enfermedades mentales.

Supuse que dos días antes del viaje, el abogado de esta señora lo habría telefoneado para concertar la cita. No le dio mucha información, sólo el nombre de su clienta y el lugar donde debían encontrarse. El abogado no sabía para qué quería verlo ni por qué lo había escogido a él, un pequeño detective privado independiente con un anuncio muy pequeño en las páginas amarillas, de entre todos los profesionales y grandes agencias de la ciudad. Aquella cita escama tanto al detective que comprueba la existencia real del abogado y la validez de su número de teléfono. No es el modo habitual en que sus clientes llegan a él, y estos casi nunca son personas particulares, sino empresas. Además, está el asunto del lugar de la cita, un psiquiátrico. ¿Su clienta es una loca aburrida, una loca delirante o una loca con algún problema real en el que él puede intervenir? No lo sabe, y teme desplazarse para nada.

Cuando llega a la clínica privada aún tiene dudas sobre lo que ocurrirá, y está predispuesto a rechazar el trabajo que le ofrezcan, sea cual sea, aunque de todas formas ha acudido a la cita por su maldita curiosidad. Todo el lugar le recuerda a un módulo carcelario, solo que más limpios y con guardias mejor vestidos. Un celador le da una vuelta por las instalaciones hasta una zona de mínima seguridad (tiene menos puertas, menos rejas, menos videocámaras y menos gorilas a la vista) y lo deja en la habitación de la mujer, que ronda la cincuentena y está acompañada por una joven a la que despide bruscamente para hablar a solas con él.

Lo primero que le cuenta la mujer es que está allí porque hace unos meses sufrió un grave accidente de tráfico del que la atienden allí sin mucho éxito porque es probable que no pueda volver a andar sin ayuda. Lo segundo es que está convencida de que su esposo provocó de algún modo el accidente, que la policía ni el juez la han creído, y que él es su última oportunidad de demostrar que tiene razón.

Pensé que era un comienzo atractivo con mucho potencial para desarrollar una historia entretenida. He intentado desarrollar todo mi proyecto de novela a partir de ello.


Los hombres que no amaban a las mujeres, una novela de Stieg Larsson

22.01.2010

Los hombres que no amaban a las mujeres

La penúltima novel a que he leído se llamaba Los hombres que no amaban a las mujeres (Mäm som Hatar Kvinnor. Millenium I), la escribió un periodista sueco llamado Stieg Larsson, fue publicada póstumamente en su país en 2005, y traducida al castellano por Martin Lexell y Juan José Ortega Román para la editorial Destino, que la publicó hace un año y medio dentro de su colección Áncora y delfín. Podría haberla obtenido en la biblioteca de Sanlúcar la Mayor apuntándome a su lista de espera, pero el ejemplar que he leído fue un regalo de mi hermana.

Esta novela y sus continuaciones fueron los libros más vendidos en España el año pasado y ya se han hecho dos películas basadas en dos de ellas que no he visto. Es un best seller mundial, parece haber puesto de moda una vez más la novela negra, en especial la de origen escandinavo, y empezaba a creer que yo sería el único adicto a la literatura que no había leído una sola línea de esta obra de la que había escuchado y leído tantas críticas y opiniones favorables que cuando llegó a mis manos esperaba encontrar algo del calibre de James Ellroy o al menos del primer Henning Mankell, un compatriota de Larsson que me gusta mucho.

La realidad no estuvo a la altura de las expectativas. Los hombres que no amaban a las mujeres tiene muchos elementos que no me han gustado, pero lo que la convirtió a mis ojos en lo peor que he leído en los últimos meses es su final deus ex machina, un recurso de escritor incompetente y falto de imaginación con el que hace mucho que no trago: en el principio fueron los dioses griegos, más tarde ocuparon ese papel magos y brujas supermegapoderosos, científicos supermegalistos y, actualmente, hackers.

No me gustaba demasiado la novela, me parecía aburrida, artificialmente alargada y con un ritmo inapropiado para el género, pero la revelación de que el personaje misterioso y asocial al que violaban casi al principio de la obra es un pirata informático de nivel mundial que con un truco barato ayuda al protagonista a localizar a su objetivo y a vengarse de la persona que lo envió a la cárcel es indigno e insultante para la inteligencia de cualquier lector de novelas exigente y crítico con lo que lee.


Provocación, una novela de Stanislaw Lem

20.01.2010

Provocación, de Stanislaw Lem

Provocación es una novela corta publicada por el polaco Stanislaw Lem en 1985, que la editorial Funambulista editó por primera vez en español en abril de 2005 traducida por Joanna Bardzinska y Kasia Dubla dentro de su colección Literadura. Yo me la llevé prestada de la biblioteca de Sanlúcar la Mayor, la leí casi de un tirón el pasado viernes, y ya casi me he olvidado de su contenido porque no me interesó mínimamente desde la primera página.

No es difícil encontrar opiniones entusiastas sobre la calidad de esta novela. En ellas se hacen comparaciones con Borges, y con una obra anterior de Lem, Vacío perfecto, que me parece muy superior a ésta, se alaba el juego literario que se establece entre los autores de los libros imaginarios que aparecen en esta obra, de sus autores igualmente imaginarios, del narrador del libro y del autor de la novela, y se analiza lo acertado del análisis sobre las causas del Holocausto judío que se encuentra en la obra imaginaria: en primer lugar, sobre cómo una sociedad tan avanzada como la alemana puede ser secuestrada por una ideología tan estúpida como la nacionalsocialista; en segundo lugar, sobre cómo unos tipos tan mediocres como los dirigentes nazis pueden causas tanto daño a tantos millones de personas; en tercer lugar, sobre la naturaleza del mal, y si éste no se banaliza cuando se aplica a los nazis, que no serían más que unos personajes de opereta, de ópera bufa, si no fuesen responsables de tanta matanza; en cuarto lugar, sobre las causas que llevaron a los alemanes a identificar a los judíos como la mayor amenaza, y cómo esto derivó hacia su condena, en silencio, sin hacer ruidos, y un poco casi vergonzosamente, sin publicidad, hacia el exterminio; por último, sobre las lecciones que la historia puede darnos en el presente.

El problema que tengo contra esta novela, que reseña abundantemente un libro imaginario, es que los argumentos y reflexiones que en ella aparecen no son nuevos para mí ni para nadie que haya leído sobre esa época y tema. Lem no aporta nada nuevo, ni datos ni interpretaciones sobre el nazismo y el exterminio de los judíos, viene a hacer un resumen historiográfico amplio de la cuestión, y poco más. No es que sea mala o aburrida, es que no me interesa leer otra vez algo que ya conozco por otras fuentes sin que me aporte nada nuevo.


Escribir una novela no parece algo difícil

19.01.2010

To Write Love On Her Arms | Kittiem

Nunca he creído que escribir una novela fuese algo difícil ni complicado. No es sólo una opinión basada en la enorme cantidad de inmodestia que me sale por las orejas constantemente, sino las conclusiones de mi experiencia como lector compulsivo de novelas: si personas tan incapacitadas para contar historias entretenidas como Almudena Grandes, Fernando Delgado, José Carlos Somoza o Elvira Lindo pueden escribir una novela, cualquier persona que sepa teclear en el ordenador o sostener un bolígrafo en sus manos puede hacerlo.

Así que dejando establecido definitivamente y para siempre que estoy capacitado para hacerlo, ¿por qué no lo hago? Quiero hacerlo, de verdad que sí, pero aquí estoy, reflexionando sobre el tema en vez de escribiendo una novela, y eso ya dice bastante de mi actitud, supongo.

Esta no es la primera vez que me digo a mí mismo que esta situación va a cambiar y que me voy a poner serio y escribir una novela alucinante, pero no confío en que ocurrirá tal cosa, a menos que imponga mi voluntad a mi desidia y dejadez. Para ayudarme a escribir mi novela esta bitácora va a convertirse en un elemento clave.

Estos son los planes definitivos para escribir mi novela:

  1. Tengo el comienzo de una historia que me parece atractiva, y varios personajes más o menos bosquejados y cierta idea de cómo va a evolucionar mi idea y de cómo va a terminar.
  2. También tengo algunos apuntes sacados de aquí y allá de otros proyectos de novelas anteriores, abandonados, sobre los que me gustaría reflexionar aquí para saber por qué no sirven y dejaron de parecerme atractivos cuando, en principio, tenían que ser maravillosos.
  3. Tengo, desgraciadamente, más tiempo libre del que desearía y del que necesito, y dos miniproyectos narrativos (les voy a llamar así para que parezcan cosas importantes): una serie de minihistorias de ciencia ficción de estilo pulp, y una especie de fan fiction sobre Sin City, la obra de Frank Miller.

Con todas estas cosas pendientes, no debería aburrirme, y espero que algo salga adelante.


Por qué escribo una novela

12.01.2010

Foto

Last Night Ride | Martin Pelzer

La fiesta de cumpleaños de Vicky estaba llegando a su fin cuando la penúltima reina de la de belleza del Midnight metió su lengua en mi oreja y me pidió que la acompañara a casa. Se llamaba Kitty, era la más pálida de las rubias pálidas que había visto nunca, llevaba un cortísimo vestido dorado que hacía juego con su pelo, y vivía muy cerca de allí, en un apartamento de dos dormitorios que compartía con otra chica, una estudiante de enfermería que tenía guardia toda la noche. Le di dos besos a Vicky, que aún estaba enfadada porque no le había comprado lo que me pidió, ignoré las risitas envidiosas de Phil, Hope y el resto de los perdedores que no iban a mojar esa noche, y acompañé a mi dama hasta una de las torres amarillas que hay junto al parque, en el lado malo de Media Hill, piso nueve, puerta F.

Nada más entrar en el salón supe que iba a ser una noche rara. Todo el apartamento, al menos lo que podía verse desde la puerta de entrada, era una réplica perfecta del típico y falso salón de los años 60 que puede verse en las reposiciones nocturnas de las teleseries de la época. Kitty, al ver mi reacción ante el ataque contra el buen gusto y el sentido común que tenía frente a mí, me explicó que el contrato de arrendamiento estaba a nombre de la enfermera, que todos aquellos muebles y láminas y lámparas cuasi psicodélicas eran suyos, y que a ella también le parecía espantoso al principio, pero acabó acostumbrándose y ya casi no se daba cuenta de qué cosas la rodeaban en casa. No me quedé muy convencido de su explicación, por otra parte innecesaria, pero hacía mucho tiempo que no estaba con una mujer, y no iba a desaprovechar aquella ocasión sólo porque los muebles agredía mi sentido de la estética.

Me gusta tu acento inglés, me dijo cuando, tras una corta visita al baño, se sentó a mi lado en el sofá y se quitó los zapatos. Al parecer, todo lo europeo le parecía elegante, maravilloso y excitante, e Inglaterra constituía el culmen de todo aquello. No había estado nunca en Europa, pero lo había deseado desde niña, y algún día realizaría sus sueños y se marcharía para siempre a Londres, a París, a Roma, a Barcelona, a Venecia, a Berlín o a alguna otra ciudad pequeña y antigua. Parece ser que me echó el ojo encima dos semanas atrás, cuando oyó mi acento inglés mientras hablaba con Vicky, la camarera, y le sorprendió que casi todos mis amigos fuesen unos perdedores y tuvo miedo de que yo fuera como ellos a pesar de mi acento y mi elegancia inglesas, otro desgraciado sin trabajo fijo, un Phil, una Hope, un Wayne o una Vicky La Camarera, que era muy amiga suya y muy buena persona pero no la clase de gente con la que le gustaba relacionarse y que le contó quién era yo en realidad: un escritor famoso en Inglaterra que estaba pasando unos meses en Basin City para escribir una novela sobre este lugar.

Empezó a reírse como una colegiala. Yo me incliné sobre ella para besarla y puse mi mano en su muslo izquierdo, pero mi penúltima reina de la belleza estaba lejos de concluir su monólogo. Nunca había leído un libro, me confesó sin sentir vergüenza, porque no era lo suficientemente lista para ello, aunque desde luego no era ninguna estúpida, añadió, lo que pasaba era que nunca terminó el instituto porque era un rollo y no servía para nada, y después no tuvo tiempo para leer porque estuvo muy ocupada trabajando o divirtiéndose, pero las películas que más le gustaban siempre estaban basadas en libros. Sin embargo, quería aparecer en uno, era obsesión que tenía de la época en que estaba enganchada al programa de Oprah, y esa era la segunda razón, la primera era que yo era inglés y guapo, recuerdo que dijo como si se tratara de una sola palabra, por la que estaba allí, en su sofá, contemplando sus muslos dorados y acercándome cada vez más a sus labios aquella noche, esperando que se callara de una vez para lanzarme sobre ella: después de pasar la noche conmigo, me dijo al oído, no tendrás más remedio que incluirme en tu libro.

Su plan era hacerme el amor toda la noche, lo que iba quedando de ella, comportarse como una de las putas del Barrio Viejo, hacerme cosas que yo no había imaginado nunca que pudieran hacerse y proporcionarme cotas de placer jamás alcanzadas antes por mi europeo y atractivo cuerpo, y entonces yo me enamoraría de ella locamente y la perseguiría y la llamaría a todas horas, obsesionado, y la acosaría suplicándole otra noche de sexo como la que íbamos a tener, pero ella me diría que no, no dejaría que le hablase, que la mirara, que la tocara, e incluso se acostaría con otros hombres claramente inferiores a mí e indignos de ella para hacerme sufrir y enloquecer aún más, y toda la locura y el sufrimiento padecidos por ella terminarían, lógicamente, volcados en la novela que estaba escribiendo. Kitty sería mi musa, la protagonista de mi novela, podría decirse que su coautora, pues sin su intervención yo nunca podría escribir nada. Iba a ser, concluyó, la culpable de que escribiese el mejor libro de mi vida y de que me concediesen el Premio Nobel porque, como todo el mundo sabía, los escritores que no sufren hasta volverse locos y son extremadamente desgraciados no pueden escribir libros buenos.

Foto

Shhhhhh | Quistography

Nos besamos, nos acariciamos, no susurramos guarradas y cambiamos el sofá por su cama. No me pareció correcto decirle que no era inglés, sino español, que mi acento se debía al carísimo y privado colegio bilingüe en el que me eduqué, que no era novelista, sino periodista, que no estaba escribiendo ninguna novela, sino dilatando mi estancia en Basin City después de cubrir la ejecución del asesino psicópata de Roark porque no quería volver a casa con mi novia y mi jefe esperándome para matarme por motivos diferentes, y necesitaba tiempo para decidir qué iba a hacer con mi vida.

Al día siguiente le di las gracias a Vicky por todas sus mentiras, le conté cómo me había ido con la más pálida de las rubias pálidas en el Midnight dos días más tarde, y le pregunté por qué lo había hecho. Me dijo que no era nada, que tenía cara de necesitar un polvo cuanto antes, y que como era amiga mía hizo lo que creyó necesario para hacerme feliz. Aquella respuesta me sentó mal, pero no le dije nada al respecto.

¿Y qué puedo hacer yo por ti?, le pregunté.

Por el modo en que me miró creí por un segundo que al fin había conseguido lo que deseaba desde que puse por primera vez mis pies en el club de jazz, sólo por un segundo. Después me llamó estúpido y me pidió que hiciera algo para que ella no fuese una mentirosa.

Esa es la razón por la que escribo mi novela.

Con la mayor admiración y respeto por el señor Frank Miller y el conjunto de su obra, que espero vuelva a estar pronto a la altura de su genio


El castillo alto, unas memorias de Stanislaw Lem

07.01.2010

El castillo altoEl libro se llama El castillo alto, lo escribió el polaco Stanislaw Lem en 2005, unos pocos meses antes de morir, lo editó en español la editorial Funambulista dentro de su colección Literadura en octubre de 2006, traducido por Andrzej Kovalski, tiene 218 páginas, lo tomé prestado de la Biblioteca de Sanlúcar la Mayor hace unas semanas, y ejemplifica el mayor problema de esta bitácora de propósitos abandonados, olvidados o inconclusos.

Me propuse reseñar brevemente todos los libros que tomara prestados de la biblioteca municipal en este lugar, pero hace una semana que terminé de leer el último que saqué de allí, El castillo alto, de Stanislaw Lem, y ni siquiera he empezado a escribirla en mi cuaderno de tonterías o en alguna otra parte, ni siquiera en mi cabeza.

Esta vez no ha sido culpa mía o de mi optimismo. Lo que ocurre es que no sé qué escribir sobre este libro, que está a medio camino entre unas memorias, un tratado de estética y una novela. A pesar de lo que dicen el autor y la nota publicitaria de la contraportada, esto no es una autobiografía de juventud, pero no saber encajar en un género concreto esta obra no es lo que me ha impedido hacerlo.

Lo cierto es que no estoy seguro de si me ha gustado o no lo que he leído.

Si me fijara en el argumento de la obra, lo que se cuenta son algunos de los recuerdos de juventud del autor, Stanislaw Lem, más concretamente su infancia y su paso por el instituto, durante los años 30, en una ciudad llamada Lvov que me parece entonces era polaca, aunque podría equivocarme, y ahora es ucraniana. Describe cómo eran sus lugares favoritos en Lvov, habla de su familia, sobre todo de su padre, de cómo se divertía rompiendo todo lo que caía en sus manos y, más mayor, aficionándose a la electrónica y componiendo todo lo que parecía roto en su entorno, concluyendo en un último capítulo breve con su paso por la inútil milicia estudiantil de la ciudad al final de la década, pocos meses antes de que los nazis primero y los soviéticos después arrasaran todo el país. Lem tiene la habilidad suficiente para jugar con el género y escapar de sus clichés, pero en la elección de los recuerdos que narra y en el modo en que los ordena en la narración me ha parecido ver que es más lo que no cuenta que lo que cuenta, y me sorprende mucho el papel casi inexistente de su madre a lo largo de la narración, teniendo en cuenta lo que una madre significa para un niño de la edad de Lem en la década de los treinta.

La narración de sus recuerdos está llena de pensamientos de naturaleza estética que puestos uno detrás de otro nos brinda la oportunidad de conocer qué pensaba Lem, el adulto, del arte contemporáneo, de los artistas en general, y de cómo éstos han surgido de la sociedad en la que viven, terminando con sus deseos de que la mayor parte del arte del siglo XX sea considerada por los historiadores una broma o una época en la que los seres humanos estaban confundidos porque no tenían un propósito definido y se dedicaban a jugar y a explorar nuevos campos en vez de hacer cosas reales que valieran la pena. No son ideas originales, desde luego, y parecen sacadas del baúl de los estereotipos del científico de mediana edad, algo que me ha sorprendido en un escritor de tan vasta imaginación como Lem, que apenas escribe sobre su propia obra a lo largo de las 218 páginas del libro.

¿Está bien escrito? Sí, por supuesto, aunque a mí, desde que leí Habla, memoria, de Vladimir Nabokov, todas las autobiografías y memorias de escritores me parecen mal escritas. ¿es interesante lo que cuenta? Sí, sin duda ofrece un amplio panorama de lo que era la vida de un niño de familia burguesa y acomodada en Polonia durante el periodo de entreguerras.

¿Me ha gustado? No he podido decidirme aún, y es lo que me fastidia de esta obra, porque generalmente es sencillo decidir si un libro te gusta, no te gusta, o te ha dado igual leértelo y lo vas a olvidar completamente en cuanto empiezas a leer otro.


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