La moda da miedo

31.01.2010

Escuchar a Tom (¿Tom? ¿Tom? ¿Tom?) por las mañanas en Canal Sur es la mejor manera de empezar el día

29.01.2010

El programa radiofónico de Tom Martín Benítez (¿Tom? ¿Tom? ¿Tom?) se ha convertido en apenas tres días en algo imprescindible para mí todas las mañanas, mientras llevo los niños al colegio, y se va a convertir, sin duda, en uno de mis periodistas de cabecera, al lado de figuras insignes como Federico Jiménez Losantos, Enric Sopena, Escolar padre, Escolar hijo, José María Calleja o Julia Otero.

Esta mañana, por ejemplo, un tipo casi tuvo que pedir perdón por decir que la política del presidente Zapatero relacionada por las menciones daba muchos bandazos. Pilar del Río, esa señora sectaria casada con ese escritor tan supersobrevalorado como aburrido, casi lo insulta, y Tom (¿Tom? ¿Tom? ¿Tom?) lo acosó de tal manera que el pobre, no sé su nombre, casi tuvo que pedir perdón por su opinión, y a continuación dijo algo bueno del Gobierno y algo malo de la oposición, supongo que para compensar. Unos minutos más tarde, mientras comentaban la presencia de Zapatero en Davos y cómo lo habían colocado junto a uso presidentes de países pequeños, el mismo comentarista dijo sentir lástima por el Gobierno y tener dudas de que sepan lo que hacen en cuestiones económicas, lo que hizo saltar a la señora del Río, que muy alterada hizo una demagógica defensa del prestigio del Gobierno fuera de España, y a Tom (¿Tom? ¿Tom? ¿Tom?), que pidió perdón no sé cuántas veces por no estar completamente en desacuerdo con la opinión de su invitado. Ha sido un programa antológico, de esos que me gustaría conservar en el ordenador, pero desgraciadamente en la web de Canal Sur Radio no puedo descargarme La hora de Andalucía.

Al final va a resultar que estaba equivocado y que hay un pequeño resquicio de pluralidad en el programa de Tom (¿Tom? ¿Tom? ¿Tom?), aunque no estoy seguro de ello porque en cuanto te desvías un poco del objetivo del espacio de opinión, el acoso y la descalificaciones personales cobran protagonismo, y no sé si algo así es compatible con ello.


Tengo ganas de escribir

28.01.2010

Tengo ganas de escribir, pero no lo estoy haciendo porque no sé qué quiero escribir. Tenía una buena idea para una novela negra, había escrito unos seis capítulos, casi llegado a la mitad de la historia que pretendía contar, y tenía muy claro qué iba a suceder y cómo lo iba a contar en lo que me quedaba, pero entonces leí esa novela, Los hombres que no amaban a las mujeres, y comprobé que no me gustaba el modo en que estaba escrita y me di cuenta de que lo que tenía yo escrito en mi proyecto no era mucho mejor.

No sé cuándo perdí el norte con mi proyecto de novela, pero mi reacción fue borrar todo lo que había escrito en mi ordenador, hacer lo mismo con las referencias al proyecto en esta bitácora, y quedarme únicamente con la documentación que había acumulado para algunos aspectos de la historia y de los personajes.

Supongo que en algún momento retomaré mi proyecto de novela y que no lo abandonaré porque entonces se convertiría con facilidad en un fantasma que me perseguirá cada vez que encienda el ordenador para escribir cualquier cosa si finalmente no lo conduzco hasta el final, pero no en los próximos días.


La pluralidad según Canal Sur Radio

26.01.2010
Esta mañana, mientras llevaba a los niños al colegio, he escuchado un programa de Canal Sur Radio. He mirado en su web, y el programa se llamaba La hora de Andalucía y lo conduce alguien llamado Tom Martín Benítez (¿Tom? ¿Tom? ¿Tom?). Mi trayecto de ida y vuelta a los colegios ha coincidido con un espacio de opinión, eso que por razones que se me escapan danen llamar tertulia radiofónica.

Lo que más me ha gustado de este programa es que lo tienen muy claro: la pluralidad es algo indispensable en los medios de comunicación, pero innecesaria en éste; los socialistas no tienen problemas internos como los fascistas peperos, sólo diferencias de opiniones; Andalucía es la mejor si gobiernan los socialistas, el improbable y nunca merecido día que no lo hagan se desatarán los infiernos sobre todos nosotros; esa encuesta que daba ganador en unas elecciones al PSOE no sólo no es importante y está mal explicada, sino que carece de valor porque todo el mundo sabe que el PSOE tieneque ganar porque siempre lo hace y un cambio es tan indeseable como impensable; hacia el final entrevistaron a un dirigente del PP, al que trataron como a un niño pequeño y al que, tras despedirlo, descalificaron con saña.

No me parece mal que existan programas como éstos. En fin, teniendo en cuenta que creo que Canal Sur no debería existir, que los medios de comunicación públicos son un anacronismo de un mundo que hace mucho dejó de existir, lo que emitan en ellos me importa muy poco porque no me expongo a ellos. Es una cuestión de principios.

Lo que más me ha llamado la atención de todo lo que he escuchado es que, dejando volar un poco la imaginación, me he preguntado qué sucedería con todas las personas a las que acabo de escuchar si un mal día ocurre lo imposible y los socialistas dejan de gobernar en Andalucía y son otras personas las encargadas de dirigir el contenido de la programación de esta emisora. Supongo que, por coherencia existencial, no reclamarán lo que consideran en estos momentos algo innecesario: pluralidad, espacio para algo que no sea socialismo o esté relacionado con el socialismo.


La moda da miedo

24.01.2010


Los hombres que no amaban a las mujeres, una novela de Stieg Larsson

22.01.2010

Los hombres que no amaban a las mujeres

La penúltima novel a que he leído se llamaba Los hombres que no amaban a las mujeres (Mäm som Hatar Kvinnor. Millenium I), la escribió un periodista sueco llamado Stieg Larsson, fue publicada póstumamente en su país en 2005, y traducida al castellano por Martin Lexell y Juan José Ortega Román para la editorial Destino, que la publicó hace un año y medio dentro de su colección Áncora y delfín. Podría haberla obtenido en la biblioteca de Sanlúcar la Mayor apuntándome a su lista de espera, pero el ejemplar que he leído fue un regalo de mi hermana.

Esta novela y sus continuaciones fueron los libros más vendidos en España el año pasado y ya se han hecho dos películas basadas en dos de ellas que no he visto. Es un best seller mundial, parece haber puesto de moda una vez más la novela negra, en especial la de origen escandinavo, y empezaba a creer que yo sería el único adicto a la literatura que no había leído una sola línea de esta obra de la que había escuchado y leído tantas críticas y opiniones favorables que cuando llegó a mis manos esperaba encontrar algo del calibre de James Ellroy o al menos del primer Henning Mankell, un compatriota de Larsson que me gusta mucho.

La realidad no estuvo a la altura de las expectativas. Los hombres que no amaban a las mujeres tiene muchos elementos que no me han gustado, pero lo que la convirtió a mis ojos en lo peor que he leído en los últimos meses es su final deus ex machina, un recurso de escritor incompetente y falto de imaginación con el que hace mucho que no trago: en el principio fueron los dioses griegos, más tarde ocuparon ese papel magos y brujas supermegapoderosos, científicos supermegalistos y, actualmente, hackers.

No me gustaba demasiado la novela, me parecía aburrida, artificialmente alargada y con un ritmo inapropiado para el género, pero la revelación de que el personaje misterioso y asocial al que violaban casi al principio de la obra es un pirata informático de nivel mundial que con un truco barato ayuda al protagonista a localizar a su objetivo y a vengarse de la persona que lo envió a la cárcel es indigno e insultante para la inteligencia de cualquier lector de novelas exigente y crítico con lo que lee.


Provocación, una novela de Stanislaw Lem

20.01.2010

Provocación, de Stanislaw Lem

Provocación es una novela corta publicada por el polaco Stanislaw Lem en 1985, que la editorial Funambulista editó por primera vez en español en abril de 2005 traducida por Joanna Bardzinska y Kasia Dubla dentro de su colección Literadura. Yo me la llevé prestada de la biblioteca de Sanlúcar la Mayor, la leí casi de un tirón el pasado viernes, y ya casi me he olvidado de su contenido porque no me interesó mínimamente desde la primera página.

No es difícil encontrar opiniones entusiastas sobre la calidad de esta novela. En ellas se hacen comparaciones con Borges, y con una obra anterior de Lem, Vacío perfecto, que me parece muy superior a ésta, se alaba el juego literario que se establece entre los autores de los libros imaginarios que aparecen en esta obra, de sus autores igualmente imaginarios, del narrador del libro y del autor de la novela, y se analiza lo acertado del análisis sobre las causas del Holocausto judío que se encuentra en la obra imaginaria: en primer lugar, sobre cómo una sociedad tan avanzada como la alemana puede ser secuestrada por una ideología tan estúpida como la nacionalsocialista; en segundo lugar, sobre cómo unos tipos tan mediocres como los dirigentes nazis pueden causas tanto daño a tantos millones de personas; en tercer lugar, sobre la naturaleza del mal, y si éste no se banaliza cuando se aplica a los nazis, que no serían más que unos personajes de opereta, de ópera bufa, si no fuesen responsables de tanta matanza; en cuarto lugar, sobre las causas que llevaron a los alemanes a identificar a los judíos como la mayor amenaza, y cómo esto derivó hacia su condena, en silencio, sin hacer ruidos, y un poco casi vergonzosamente, sin publicidad, hacia el exterminio; por último, sobre las lecciones que la historia puede darnos en el presente.

El problema que tengo contra esta novela, que reseña abundantemente un libro imaginario, es que los argumentos y reflexiones que en ella aparecen no son nuevos para mí ni para nadie que haya leído sobre esa época y tema. Lem no aporta nada nuevo, ni datos ni interpretaciones sobre el nazismo y el exterminio de los judíos, viene a hacer un resumen historiográfico amplio de la cuestión, y poco más. No es que sea mala o aburrida, es que no me interesa leer otra vez algo que ya conozco por otras fuentes sin que me aporte nada nuevo.