Antes de empezar a escribir

22.02.2010

My Own Prison | Aimelle

El incesto, piedra angular de mi proyecto de novela en la medida de que tanto su protagonista como su antagonista serán, probablemente, pedófilos y, en un caso, incestuoso, no es algo de lo que haya que hablar, discutir o informar a la ligera.

Esta mañana he tenido noticia oyendo la radio de un caso en Sevilla donde varios padres intercambiaban a sus hijas para mantener con ellas relaciones sexuales. Estos son algunos enlaces a distintos medios que han tratado la noticia:

Un juez imputa a los padres de tres menores por intercambiárselas para abusar de ellas

Acusan a dos sevillanos de intercambiar a sus hijas de 6 y 7 años para violarlas

Un juez investiga un caso de abusos sexuales de dos padres a sus hijas

Acusados dos padres de intercambiar a sus hijas para abusar de ellas

El fiscal imputa agresión sexual continua a los padres que abusaron de sus hijas

Piden castigos duros para los padres que abusaron de sus hijas

Historias como estas, a primera vista increíbles y difíciles de creer, ocurren todos los días. El problema de fabular con ellas radica, principalmente, en encontrar el tono adecuado, y eso es algo que no he conseguido aún y en lo que en las distintas encarnaciones de mi proyecto de novela, que va por su tercera edición, siempre me ha hecho replanteármelo todo de nuevo desde casi cero.

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Antes de empezar a escribir

15.02.2010

Quiero escribir una novela negra. Escogí este género porque estoy muy familiarizado con él, es muy entretenido y a menudo es sólo una excusa para escribir sobre los temas que verdaderamente importan a todo el mundo, las pasiones más altas y bajas de los seres humanos.

Contar una historia es, en gran medida, un ejercicio de elecciones múltiples de entre un número casi infinito de posibilidades, así que me hice una pregunta aparentemente sencilla para encontrar de qué iba a escribir, el tema que articularía todo mi proyecto de novela:

¿qué es lo peor que un ser humano puede hacerle a otro ser humano?

La respuesta más obvia a la pregunta es que lo peor es que alguien mate a otra persona, pero en estos casos siempre recuerdo algo que me explicó un amigo médico, que siempre insiste en que hay muertes y muertes, que tu final puede llegar rápida e indoloramente, pero que la mayoría de las veces no es así, y ocurre que lo que acaba contigo es una larga y agónica dolencia que tras meses de combates y a menudo de encarnizamiento médico devora tu cuerpo sin piedad. Añadía este amigo mío que aún este largo final podía ser algo deseable cuando lo comparabas con alguna enfermedad neurodegenerativa porque éstas te matan tres veces: cuando tu cerebro está tan dañado que dejas de ser tú mismo, cuando las personas que te cuidan, normalmente llenas de remordimiento, desean tu muerte, y cuando ocurre el deceso. Teniendo esto en cuenta, llegué a la conclusión de que si bien dañar físicamente a una persona, asesinándolo, torturándolo, mutilándolo o convirtiéndolo en un vegetal es sin duda algo terrible, podríamos hacerles cosas aún peores.

Reflexionando sobre acciones que no implicasen necesariamente, o sólo, un castigo físico, me di cuenta de que disponía en el Código Civil y Penal de una larga lista de posibilidades que incluían, por citar sólo los elementos más clásicos y sobados del género, el robo, la estafa o la suplantación de identidad, En muchas de estos temas se esconden términos como confianza, seguridad, traición, miedo o respeto, que en determinadas circunstancias pueden ser muy viscerales y, por lo tanto, atractivos a la hora de escribir una novela negra. Naturalmente, debido al lugar en el que crecí, no me interesaban los asuntos relacionados con la salud pública porque me parecen vulgares y aburridos.

No terminaba de decidirme por un tema para mi novela, cuando analizaba las posibilidades no me parecían lo suficientemente crueles ni graves, siempre podía pensar en algo más terrible, y la solución llegó mientras me dedicaba a otras cosas que no tenían nada que ver con mi proyecto de novela:

No concibo nada peor que a un padre/madre violando a un hijo/hija repetidamente con el consentimiento implícito o explícito de su pareja.

Los actos viles contra niños siempre son más graves porque están indefensos por sí mismos. Si esas malas acciones las cometen sus padres, aún son peores porque se convierten doblemente en víctimas (por un lado está la falta, la acción reprobable, y por otro la pérdida de la confianza que ese niño/niña tenía en su padre/madre, que supuestamente deben protegerlo de cosas como las que está haciéndole). Una continuada serie de violaciones de las que el pequeño no puede defenderse y que no van a ser denunciadas por un familiar colocan a la víctima indefensa en una situación desesperada y a los agresores en lo más bajo de cualquier tipo de clasificación en que puedas dividir a la raza humana.

Encontrado mi tema, un padre que viola a una hija con el consentimiento de su madre, sólo tenía que encontrar el modo de construir una historia que pensara que valiera la pena ser escrita.


Antes de empezar a escribirel

10.02.2010
La primera vez que imaginé el comienzo de la novela que quería escribir imaginé que un detective privado viajaba trescientos kilómetros en tren para encontrarse con una mujer a la que no conocía en una clínica privada especializada en adicciones y enfermedades mentales.

Supuse que dos días antes del viaje, el abogado de esta señora lo habría telefoneado para concertar la cita. No le dio mucha información, sólo el nombre de su clienta y el lugar donde debían encontrarse. El abogado no sabía para qué quería verlo ni por qué lo había escogido a él, un pequeño detective privado independiente con un anuncio muy pequeño en las páginas amarillas, de entre todos los profesionales y grandes agencias de la ciudad. Aquella cita escama tanto al detective que comprueba la existencia real del abogado y la validez de su número de teléfono. No es el modo habitual en que sus clientes llegan a él, y estos casi nunca son personas particulares, sino empresas. Además, está el asunto del lugar de la cita, un psiquiátrico. ¿Su clienta es una loca aburrida, una loca delirante o una loca con algún problema real en el que él puede intervenir? No lo sabe, y teme desplazarse para nada.

Cuando llega a la clínica privada aún tiene dudas sobre lo que ocurrirá, y está predispuesto a rechazar el trabajo que le ofrezcan, sea cual sea, aunque de todas formas ha acudido a la cita por su maldita curiosidad. Todo el lugar le recuerda a un módulo carcelario, solo que más limpios y con guardias mejor vestidos. Un celador le da una vuelta por las instalaciones hasta una zona de mínima seguridad (tiene menos puertas, menos rejas, menos videocámaras y menos gorilas a la vista) y lo deja en la habitación de la mujer, que ronda la cincuentena y está acompañada por una joven a la que despide bruscamente para hablar a solas con él.

Lo primero que le cuenta la mujer es que está allí porque hace unos meses sufrió un grave accidente de tráfico del que la atienden allí sin mucho éxito porque es probable que no pueda volver a andar sin ayuda. Lo segundo es que está convencida de que su esposo provocó de algún modo el accidente, que la policía ni el juez la han creído, y que él es su última oportunidad de demostrar que tiene razón.

Pensé que era un comienzo atractivo con mucho potencial para desarrollar una historia entretenida. He intentado desarrollar todo mi proyecto de novela a partir de ello.


La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, una novela de Stieg Larsson

04.02.2010
Hace un par de semanas leí La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Flickan som lekte med elden. Millenium 2), de Stieg Larsson, traducida por Martin Lexell y Juan José Ortega Román en 2008 para la editorial Destino, que la publicó dentro de su colección Áncora y Delfín y que se puede coger prestado en la biblioteca de Sanlúcar la Mayor después de apuntarte a una lista de espera. Debería haber escrito antes sobre ella en mi bitácora, pero es tan mala que me ha costado mucho encontrar las ganas y el tiempo necesarios para comentarla, aunque sólo sea para decir que es tan mala que preferiría leer alguna novela de Almudena Grandes antes que releer el segundo volumen de la trilogía Millenium.

Lo único bueno de este volumen es que se puede prescindir sin demasiados problemas de las primeras seiscientas páginas, en las que se únicamente se dan vueltas y más vueltas alrededor de un triple asesinato del que acusan erróneamente a la protagonista del libro y de cómo es buscada por la policía, por lo malos de la novela y por el otro protagonista de la novela, e ir directamente a las últimas ciento cincuenta páginas, en las que se resume lo ocurrido anteriormente varias veces y nada finaliza, pues tras los incidentes que ocupan esas páginas y que sólo se me ocurre tachar como un remedo digno del peor guionista de televisión de la peor serie de televisión del mundo que toma prestados algunos elementos clásicos de algunas de las mejores novelas protagonizadas por Hannibal Lecter y Tom Ripley, y los envilece con su mala y aburrida prosa.

Supongo que en el tercer y último volumen de la serie el señor Larsson contará por qué su protagonista aún estaba viva en la última página de la novela, y lo que sucede con el gigante rubio, los motoristas, los tratantes de blancas, los pedófilos, los maltratadores, los espías y demás personajes increíbles de cuyos destinos finales la novela se olvida.


Tengo ganas de escribir

28.01.2010

Tengo ganas de escribir, pero no lo estoy haciendo porque no sé qué quiero escribir. Tenía una buena idea para una novela negra, había escrito unos seis capítulos, casi llegado a la mitad de la historia que pretendía contar, y tenía muy claro qué iba a suceder y cómo lo iba a contar en lo que me quedaba, pero entonces leí esa novela, Los hombres que no amaban a las mujeres, y comprobé que no me gustaba el modo en que estaba escrita y me di cuenta de que lo que tenía yo escrito en mi proyecto no era mucho mejor.

No sé cuándo perdí el norte con mi proyecto de novela, pero mi reacción fue borrar todo lo que había escrito en mi ordenador, hacer lo mismo con las referencias al proyecto en esta bitácora, y quedarme únicamente con la documentación que había acumulado para algunos aspectos de la historia y de los personajes.

Supongo que en algún momento retomaré mi proyecto de novela y que no lo abandonaré porque entonces se convertiría con facilidad en un fantasma que me perseguirá cada vez que encienda el ordenador para escribir cualquier cosa si finalmente no lo conduzco hasta el final, pero no en los próximos días.


Los hombres que no amaban a las mujeres, una novela de Stieg Larsson

22.01.2010

Los hombres que no amaban a las mujeres

La penúltima novel a que he leído se llamaba Los hombres que no amaban a las mujeres (Mäm som Hatar Kvinnor. Millenium I), la escribió un periodista sueco llamado Stieg Larsson, fue publicada póstumamente en su país en 2005, y traducida al castellano por Martin Lexell y Juan José Ortega Román para la editorial Destino, que la publicó hace un año y medio dentro de su colección Áncora y delfín. Podría haberla obtenido en la biblioteca de Sanlúcar la Mayor apuntándome a su lista de espera, pero el ejemplar que he leído fue un regalo de mi hermana.

Esta novela y sus continuaciones fueron los libros más vendidos en España el año pasado y ya se han hecho dos películas basadas en dos de ellas que no he visto. Es un best seller mundial, parece haber puesto de moda una vez más la novela negra, en especial la de origen escandinavo, y empezaba a creer que yo sería el único adicto a la literatura que no había leído una sola línea de esta obra de la que había escuchado y leído tantas críticas y opiniones favorables que cuando llegó a mis manos esperaba encontrar algo del calibre de James Ellroy o al menos del primer Henning Mankell, un compatriota de Larsson que me gusta mucho.

La realidad no estuvo a la altura de las expectativas. Los hombres que no amaban a las mujeres tiene muchos elementos que no me han gustado, pero lo que la convirtió a mis ojos en lo peor que he leído en los últimos meses es su final deus ex machina, un recurso de escritor incompetente y falto de imaginación con el que hace mucho que no trago: en el principio fueron los dioses griegos, más tarde ocuparon ese papel magos y brujas supermegapoderosos, científicos supermegalistos y, actualmente, hackers.

No me gustaba demasiado la novela, me parecía aburrida, artificialmente alargada y con un ritmo inapropiado para el género, pero la revelación de que el personaje misterioso y asocial al que violaban casi al principio de la obra es un pirata informático de nivel mundial que con un truco barato ayuda al protagonista a localizar a su objetivo y a vengarse de la persona que lo envió a la cárcel es indigno e insultante para la inteligencia de cualquier lector de novelas exigente y crítico con lo que lee.


Provocación, una novela de Stanislaw Lem

20.01.2010

Provocación, de Stanislaw Lem

Provocación es una novela corta publicada por el polaco Stanislaw Lem en 1985, que la editorial Funambulista editó por primera vez en español en abril de 2005 traducida por Joanna Bardzinska y Kasia Dubla dentro de su colección Literadura. Yo me la llevé prestada de la biblioteca de Sanlúcar la Mayor, la leí casi de un tirón el pasado viernes, y ya casi me he olvidado de su contenido porque no me interesó mínimamente desde la primera página.

No es difícil encontrar opiniones entusiastas sobre la calidad de esta novela. En ellas se hacen comparaciones con Borges, y con una obra anterior de Lem, Vacío perfecto, que me parece muy superior a ésta, se alaba el juego literario que se establece entre los autores de los libros imaginarios que aparecen en esta obra, de sus autores igualmente imaginarios, del narrador del libro y del autor de la novela, y se analiza lo acertado del análisis sobre las causas del Holocausto judío que se encuentra en la obra imaginaria: en primer lugar, sobre cómo una sociedad tan avanzada como la alemana puede ser secuestrada por una ideología tan estúpida como la nacionalsocialista; en segundo lugar, sobre cómo unos tipos tan mediocres como los dirigentes nazis pueden causas tanto daño a tantos millones de personas; en tercer lugar, sobre la naturaleza del mal, y si éste no se banaliza cuando se aplica a los nazis, que no serían más que unos personajes de opereta, de ópera bufa, si no fuesen responsables de tanta matanza; en cuarto lugar, sobre las causas que llevaron a los alemanes a identificar a los judíos como la mayor amenaza, y cómo esto derivó hacia su condena, en silencio, sin hacer ruidos, y un poco casi vergonzosamente, sin publicidad, hacia el exterminio; por último, sobre las lecciones que la historia puede darnos en el presente.

El problema que tengo contra esta novela, que reseña abundantemente un libro imaginario, es que los argumentos y reflexiones que en ella aparecen no son nuevos para mí ni para nadie que haya leído sobre esa época y tema. Lem no aporta nada nuevo, ni datos ni interpretaciones sobre el nazismo y el exterminio de los judíos, viene a hacer un resumen historiográfico amplio de la cuestión, y poco más. No es que sea mala o aburrida, es que no me interesa leer otra vez algo que ya conozco por otras fuentes sin que me aporte nada nuevo.