El pasado lunes tuve un poquito de suerte

25.02.2010

Lady Luck | xxPaperflowersxx

El lunes tuve un pequeño golpe de fortuna. Pocas personas llamarían a lo que me ocurrió un golpe de fortuna, pero mi vida es últimamente tan triste y patética que me siento feliz si un día no me cae sobre la cabeza, metafóricamente hablando, una maceta.

Estuve en la biblioteca de Sanlúcar y me encontré casualmente con un libro del periodista y escritor catalán Arcadi Espada. No dudé un minuto en hacerlo mío, y diez minutos más tarde empezaba a leerlo sentado en las gradas del pabellón cubierto del polideportivo de Sanlúcar, mientras esperaba que la niña saliera de las clases de gimnasia rítmica y miraba a un equipo juvenil femenino de voleibol entrenarse duro y sonreía cada vez que me fijaba casualmente en la jugadora que al niño le gusta, caracterizada por un enorme y desproporcionado trasero. Tiene ocho años y ya es un hombre de culos, no me parece mal que empiece a tener claro las cosas que le gustan aún a tan temprana edad.

El libro de Espada se llama Periodismo práctico, fue publicado en 2008 poco después de la segunda victoria de ZP en unas elecciones generales, y a modo de catecismo, le da un buen repaso lleno de lógica, sentido, honestidad y ejemplos a lo que es el periodismo actual en España y parte del extranjero, proponiendo de paso una deontología casi imposible pero muy deseable en los tiempos que corren.

Empecé a leer sobre las cinco y media, y a las nueve y media ya había terminado sus doscientas páginas y había planeado leerlo de nuevo y reflexionar sobre su contenido, en los próximos días.

Esa misma madrugada empezaron mis recientísimos problemas de salud, que me han incapacitado para cualquier cosa hasta esta mañana.

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Antes de empezar a escribir

22.02.2010

My Own Prison | Aimelle

El incesto, piedra angular de mi proyecto de novela en la medida de que tanto su protagonista como su antagonista serán, probablemente, pedófilos y, en un caso, incestuoso, no es algo de lo que haya que hablar, discutir o informar a la ligera.

Esta mañana he tenido noticia oyendo la radio de un caso en Sevilla donde varios padres intercambiaban a sus hijas para mantener con ellas relaciones sexuales. Estos son algunos enlaces a distintos medios que han tratado la noticia:

Un juez imputa a los padres de tres menores por intercambiárselas para abusar de ellas

Acusan a dos sevillanos de intercambiar a sus hijas de 6 y 7 años para violarlas

Un juez investiga un caso de abusos sexuales de dos padres a sus hijas

Acusados dos padres de intercambiar a sus hijas para abusar de ellas

El fiscal imputa agresión sexual continua a los padres que abusaron de sus hijas

Piden castigos duros para los padres que abusaron de sus hijas

Historias como estas, a primera vista increíbles y difíciles de creer, ocurren todos los días. El problema de fabular con ellas radica, principalmente, en encontrar el tono adecuado, y eso es algo que no he conseguido aún y en lo que en las distintas encarnaciones de mi proyecto de novela, que va por su tercera edición, siempre me ha hecho replanteármelo todo de nuevo desde casi cero.


Lo que no vengo a decir, un libro de Javier Marías

23.12.2009

Lo que no vengo a decir | portada del libro

Lo que no vengo a decir recoge noventicinco artículos publicados entre febrero de 2007 y febrero de 2009 por Javier Marías en El País Semanal. Noventicinco artículos semanales publicados durante dos años dan para muchas repeticiones, sin que importe si eres un estraordinario escritor, como Marías, o un mal juntaletras, como sus colegas de periódicos Cercas y Grandes.

En este libro se repiten los temas, los argumentos, los puntos de vista, las amistades, los enemigos, las fobias, las manías, las quejas, los fantasmas y hasta las palabras. Es algo que ocurre cuando coges algo destinado a ser efímero y publicado en una revista que sólo estará unos pocos días sobre una mesa o en las estanterías de una biblioteca, y lo pones en un libro. Los artículos no están escritos para ser leídos secuencialmente en un corto periodo de tiempo, y se resienten por ello.

No me gustan esta clase de libros recopiladores, y sin embargo, cuando lo vi en la biblioteca de Sanlúcar la Mayor no pude dejar de tomarlo prestado. Javier Marías es, junto a Antonio Muñoz Molina y Juan Bonilla (a Eduardo Mendoza lo tengo hace muchos años por perdido para la causa de los libros extraordinarios) uno de mis escritores favoritos en lengua española. Creo que me he leído todas sus novelas, y que la única que no me gustó fue Travesía del horizonte, una de las primeras que publicó.

Empecé a leer los artículos al azar, apuntando en una hoja de papel cuáles había leído y añadiendo al lado una estrella (me gusta dibujar estrellas) de los que me gustaban. Obtuve al final 24 estrellas, y la sensación de que el mundo es un lugar extraño para Marías y su sentido del humor y de la justicia. El 30 de noviembre de 2008, publicaba en El País Semanal una columna bajo el título Todos los genios muertos, en la que afirma:

(…) Desde que murió Roberto Bolaño -a quien no conocí, pero que fue amable conmigo-, se lo tiene por “el escritor más innovador en lengua española” y se habla y no se para de su “inmensa influencia”, cuando no fueron muchos los críticos y colegas y editores que apostaron por él cuando estaban a tiempo de hacerlo un poco más feliz, supongo, de lo que lo fue en sus cincuenta años de vida. Sé, por gente que sí lo conoció, que pasó muchos apuros económicos, hasta el punto de no poderse desplazar a veces de Blanes a la cercana Barcelona por carecer de dinero para pagarse el tren. De haberse “decidido” entonces que era tan “genio” como se dictamina ahora alegremente, es seguro que habría vivido mejor y más contento y con mayor tranquilidad respecto a su familia.

Es una verdadera lástima que no aplique el talento que surge del párrafo anterior a otros aspectos de la vida y de la sociedad. Afortunadamente, siempre nos quedan sus novelas, las ya escritas y las que están por venir.